Pasa cada año en alguna empresa del sector. El candidato bueno —ese agrónomo de treinta y pocos que domina el dato, habla inglés y entiende el campo— tiene dos ofertas. La tuya paga más. Elige la otra.
Y el gerente se queda con la pregunta clavada: ¿pero esto cómo puede ser?
Puede ser porque el talento hace exactamente lo mismo que el comprador alemán: te googlea. Mira tu web, tu LinkedIn, las fotos del equipo. Y decide qué eres antes de conocerte. En una pantalla vio una empresa que parece un proyecto: gente, ideas, movimiento, un sitio donde crecer. En la otra vio una nave con membrete.
Adivina cuál eras tú.
Aquí hay una trampa que conviene nombrar. Tu empresa ya no es la que era. Pasaste de cinco a quince millones, exportas a media Europa, y por primera vez necesitas fichar mandos que no llevan tu apellido: director comercial, responsable de calidad, alguien que entienda de datos. Esa gente no busca solo nómina. Busca señales de futuro, porque va a apostar cinco años de su carrera a tu proyecto. Y las señales que emites son de 2005.
El sueldo compite contra otros sueldos. La imagen compite contra otra cosa: el miedo del candidato a quedarse atascado en un sitio que parece parado. Y ese miedo no lo compensa una nómina, porque nadie con ambición quiere remar en un barco que da la impresión de no ir a ninguna parte. Aunque el barco, por dentro, vaya como un tiro.
La marca no solo vende producto. Ficha personas.
Y la imagen gris no te quita las ventas de mañana: te quita a la gente que iba a traerte las ventas de dentro de cinco años.
Lo retorcido del asunto es que no se ve en la cuenta de resultados. El candidato que no vino no aparece en ningún Excel. La vacante se cubre con el siguiente de la lista, te dices que "está difícil encontrar gente", y la rueda sigue. Pagas salarios de empresa grande con imagen de empresa que se apaga, y la conclusión oficial es que no hay gente.
Gente hay. Lo que no ve son razones.
Haz el ejercicio incómodo. Abre tu web y tu LinkedIn y míralos con los ojos de un chaval de treinta años con dos ofertas encima de la mesa. ¿Firmarías tú? Sé honesto, que nadie te ve.
Tu próximo gran fichaje te va a googlear antes de contestarte. Procura estar ahí cuando lo haga.
El producto no se vende solo. Y los puestos buenos tampoco se llenan solos.
(Argumento